31 dic. 2011

Filomena vs Filomena


Últimamente discuto demasiado conmigo misma. Es algo que me tiene agitada y bastante atormentada. He notado una especie de partición de mi persona; por un lado está la Filomena con conciencia, esa Filomena humana que intenta continuamente discernir, encontrar explicaciones para todo y capaz de luchar hasta la extenuación por un mundo mejor, más justo. Por otro lado está la Filomena egoísta, soberbia, consumista, deshumanizada, la que funciona como el perro de Paulov, respondiendo de la forma deseada, de la forma que se espera, la que ha aprendido y percibe como correcta. Ésta segunda Filomena no se hace preguntas y no tiene respuestas, es una autómata que se sumerge en el mundo que la rodea y participa en su desequilibrado ritmo.
No podría decidir con cual me quedaría, pero convivir con las dos se está convirtiendo en una tortura difícil de sobrellevar. Cada una me aporta diferentes dosis de los ingredientes necesarios para vivir, lo fastidioso es que no tengo control sobre ninguna de ellas; aparecen y desaparecen a su antojo sin que yo pueda decidir cuándo quiero ser una o cuándo quiero ser otra. A veces soy las dos al mismo tiempo y esos son los peores momentos, porque me hacen sentir incongruente, hipócrita, imbécil.
La primera Filomena es sensible, inteligente, crítica. Busca la verdad continuamente, lucha contra la injusticia, piensa, se revela. Pero por otro lado se siente frustrada, lleva toda la vida nadando contra la corriente y está cansada de que la cataloguen como bicho raro que piensa y dice cosas inverosímiles, utópicas, inalcanzables.
La segunda Filomena se levanta cada mañana para ir a trabajar, se ducha, desayuna, trabaja, come, duerme, ve la tele, cena, duerme y vuelta a empezar. Mensualmente paga la hipoteca, la luz, el agua, el teléfono, los impuestos… Con frecuencia compra ropa y algunos caprichos que cree que necesita. Tiene un ordenador, un coche, un teléfono móvil con pantalla táctil y podría ir 20 días seguidos vestida sin repetir modelo.
Hoy ha amanecido la primera. Camino del trabajo escucha en un programa de radio un debate sobre el holocausto nazi, primero se siente sobrecogida por tanta malignidad, por la dureza de todo aquello que escucha. Después apaga la radio y se echa a reír. ¿Cómo es posible que el ser humano padezca una ceguera tan absoluta? ¿Cómo es posible que presumamos de ser demócratas, de ser libres, de vivir en un estado de bienestar, de haber evolucionado? ¿Cómo es posible que nos horroricen los relatos de la Segunda Guerra Mundial y no nos demos cuenta de que actualmente vivimos en un continuo holocausto? Sí, es lo que he dicho. El diccionario de la Real Academia Española de la lengua define la palabra holocausto como “gran matanza de seres humanos”. ¿Acaso no es eso lo que estamos viviendo en la actualidad aunque no queramos o no seamos capaces de verlo?  Mientras nosotros, el mundo desarrollado, explota y malgasta todo cuanto está a su alcance, hay millones de personas que mueren de hambre, millones de personas que no tienen cubiertas las necesidades básicas, millones de personas a las que hemos decidido dar la espalda de una manera cobarde y vergonzosa. Así se garantiza nuestro estado de bienestar, así podemos lucir nuestras ropas de diseño, hablar por nuestros teléfonos de última generación, correr en nuestros coches de alta gama, comprar en nuestros centros comerciales hasta desbordar nuestras tarjetas de crédito, comer hasta la glotonería y preocuparnos por nuestra talla de pecho, las arrugas de nuestra cara o las estrías de nuestros traseros. ¿Eso es lo que nos preocupa? ¿Es esto lo que queremos? ¿De verdad somos más felices rodeados de objetos innecesarios y cargados de botox y silicona hasta las cejas? Siento vergüenza de no ser siempre esta Filomena, me horroriza que en cualquier momento pueda aparecer la otra y se olvide de que a diario el mundo entero se limpia el culo con la Declaración Universal de los Derechos Humanos. No quiero levantarme mañana y olvidarme de que cada tres segundos muere de hambre un niño en el mundo, 1.200 niños cada hora. Esto nadie debería olvidarlo en ningún momento del día. Pero lo hacemos. No me gustaría olvidar que mientras yo bebo agua embotellada porque no me gusta el sabor de la que sale por el grifo, más de 4.000 niños fallecen cada día en el mundo por falta de agua potable. Pero mañana lo habré olvidado. Y a veces creo que es lo mejor, olvidarlo, vivir sin recordarlo, dar gracias por haber nacido en Europa. Quizá debería sucumbir, dejarme arrastrar por la manada, convertirme en parte del rebaño, obviar este continúo holocausto, comprarme de una vez ese Audi que me gusta tanto y operar esta nariz grande y fea heredada de mi padre. Debería hacerlo, al fin y al cabo no paro de trabajar y me merezco un capricho, además, María se casa dentro de dos meses y con el vestido de Jesús del Pozo que me he comprado, mi nueva nariz y mi pedazo de Audi voy a ser la envidia de la ceremonia...

2 comentarios:

  1. Filo en realidad somos muchos como tu, y ademas bastante mas cobardes q tienen a su filo solidaria amordazada porq el dia q aparezca...gracias por este minuto de reflexion.

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  2. Como dice Marta, Filo somos muchos. quién no se le ha ocurrido preguntar alguna vez por qué tiran toneladas de alimentos cuando hay regiones del mundo que se mueren de hambre?. Pues los mismos telediarios lo dicen, para que no se desplomen los precios, es decir, para que el capitalismo siga funcionando. Muy triste...

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