13 nov. 2012

Libertad; esa bonita utopía.


¿Somos libres? ¿Qué entendemos por libertad? ¿Puede sentirse presa una persona que goza de libertad? ¿Es el ser humano que no está privado de libertad realmente libre? ¿Es, acaso, ostentar libertad algo más que no estar privados de ella? ¿Debemos entender la libertad, únicamente, como el estado de quien no es esclavo o no está preso?

La Real Academia Española de la Lengua define la palabra libertad como: "1. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. 2. Estado o condición de quien no es esclavo. 3. Estado de quien no está preso. 4. Falta de sujeción y subordinación."

Si entendemos la libertad como la facultad natural del ser humano de obrar de una u otra manera, para poder considerarnos realmente libres, deberíamos poder ejercer esa facultad de obrar sin condicionantes, exentos totalmente de influencias externas a nosotros, en tanto en cuanto se define como una “facultad natural”, es decir, una potestad con la que se nace, que se posee desde el origen. Por tanto, la libertad del ser humano será siempre limitada, escasa o nula (dependiendo de sus circunstancias), pero en ningún caso podrá ser plena.

Dijo Jean Jacques Rousseau que “el hombre ha nacido libre y por doquiera se encuentra sujeto con cadenas”.  Muchas de esas cadenas nos vienen impuestas, y muchas otras las creamos nosotros mismos, pero la consecuencia es que no pocas veces tenemos la sensación de ser esclavos; de nuestra sociedad, de las decisiones de otros, de nuestras propias elecciones, de las modas, del sistema educativo, de nuestros trabajos, de la tecnología, de nuestras palabras, de nuestros miedos, de nuestros pensamientos, de nuestras relaciones, de nuestros afectos, de nuestros sentimientos…

De entrada, llegamos al mundo por decisión de otros seres humanos. Del mismo modo, no tenemos la posibilidad de elegir entre nacer hombre o nacer mujer, ni nuestra raza, ni la familia a cuyo seno llegamos. Tampoco podemos elegir la época o el área geográfica. Aterrizamos en un mundo ya planeado, entramos a formar parte de una familia que nos dará una determinada educación, unos valores concretos, incluso una religión y unas creencias. Entraremos, más tarde, a formar parte de un modelo social ya diseñado en el que tendremos poca o nula capacidad de actuación y a veces, hasta de decisión. Una sociedad pautada donde lo que se diferencia o destaca del “modelo” es raro, extraño y tendemos a excluirlo. Aunque parezca absurdo ver en ello el primer menoscabo de nuestra libertad, esos factores o circunstancias van a ser condicionantes (determinantes muchas veces), en nuestras decisiones y modo de obrar a lo largo de nuestra existencia. Muchas veces nos haremos preguntas para las que no encontraremos respuesta: ¿cómo sería mi vida si hubiera nacido en aquel lugar? ¿Cómo hubiera sido nacer en aquella otra familia? ¿Qué pasaría si hubiera nacido del sexo contrario? Y lo que es más desconcertante aún: ¿Por qué esto es así y no es de otro modo? ¿De qué depende? ¿Es el azar el que decide o existe un plan diseñado milimétricamente?

Sin embargo, todas esos factores superan la esfera de nuestra potestad; hemos de asumirlos y definir nuestra libertad partiendo de ellos. ¿Es la libertad, en consecuencia, una quimera, una verdad a medias que queda reducida a la posibilidad de elección entre varias opciones previamente impuestas?

Libertad; esa bonita utopía...

"Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo"  -Johann Wolfgang Goethe-


1 comentario:

  1. Muy bueno Fatima, como todo lo que escribes. Pero,¿ conocemos nosotros la libertad? o ¿solo la podemos soñar? Como decía un escritor que me encanta. Si encuentras un esclavo dormido, no lo despiertes; puede estar soñando con la libertad. Si encuentras un esclavo dormido, despiértalo y háblale de la libertad.
    Gibran Jali Gibran.

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